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El desmagnetizador: el arreglo más barato de la relojería

Por qué un reloj imantado adelanta minutos al día y cómo curarlo en diez segundos

Tu reloj mecánico adelantaba cinco segundos al día y de pronto adelanta tres minutos. No está roto: está imantado. La espiral se ha pegado a sí misma y el volante corre. La cura es una caja azul de quince euros y un gesto de diez segundos. La serie de El Taller reabre con la herramienta que todo aficionado debería tener antes que cualquier otra.

Momento Relojero22 de octubre de 20267 min de lectura
Desmagnetizador azul de botón rojo sobre un banco de relojero, con un movimiento mecánico pasando por encima en su soporte
Desmagnetizador azul de botón rojo sobre un banco de relojero, con un movimiento mecánico pasando por encima en su soporte
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La serie de El Taller terminaba con la prensa y catorce herramientas en el banco. Reabre porque faltaba una, y precisamente la que más veces hemos recomendado sin dedicarle su artículo: en el cronocomparador dijimos «desmagnetiza primero»; en el silicio contra el imán, que es el arreglo más barato de la relojería; en «Ábrelo y mira», que un reloj que se sale de su marcha de golpe no está roto: le ha pasado un imán. Aquí está, por fin, el desmagnetizador.

Icono de la serie El Taller: el desmagnetizador
Icono de la serie El Taller: el desmagnetizador

La avería más común y menos visible

Un reloj mecánico mide el tiempo con un muelle finísimo, la espiral, que se enrolla y se desenrolla unas 28,800 veces por hora (o 21,600, o 36,000: aquí se ven). Esa espiral es de una aleación de acero, y el acero se imanta. Cuando lo hace, las espiras vecinas se atraen entre sí y, en un tramo de cada oscilación, se pegan: la espiral trabaja como si fuera más corta, el volante va y viene más deprisa y el reloj adelanta. No cinco segundos al día, sino minutos, a veces horas. Es el síntoma que delata al imán: un reloj que ayer iba bien y hoy va disparado. Si el imán es fuerte, la espiral puede quedar pegada del todo y el reloj se para.

De dónde salen los imanes es la parte incómoda: de todas partes. Los cierres magnéticos de bolsos, fundas de tableta y carteras de teléfono; los altavoces y los auriculares; los soportes magnéticos del auto y de la cocina; las placas de inducción; los imanes de la nevera; algunos aparatos del gimnasio; el cierre de una pulsera de moda. No hace falta un imán de taller: una funda de teléfono con cierre magnético, a un centímetro del reloj, durante meses, basta. La norma que define un reloj «antimagnético» corriente (ISO 764) solo exige aguantar 4,800 amperios por metro, unos 60 gauss; un imán de neodimio de los que sujetan una nota en la nevera los supera de largo a esa distancia.

Cómo saber si es eso

Dos pruebas, de la más tonta a la más seria. La primera: acerca una brújula, de verdad o la del celular, al reloj. Si la aguja se desvía al acercarlo, hay campo magnético; si no, casi seguro que no es eso. Es una prueba grosera, porque la caja también influye, pero un reloj muy imantado la mueve sin discusión. La segunda: mide la marcha. El medidor de precisión del sitio compara tu reloj con la hora atómica entre dos mediciones separadas por horas o días; una marcha de +60, +120, +300 segundos al día que antes no estaba es un imán hasta que se demuestre lo contrario. En un cronocomparador, la firma es inconfundible: una marcha disparada con una amplitud que no la justifica y, a veces, una línea que baila.

Cómo funciona la herramienta

Un desmagnetizador no es un imán al revés: es una bobina de corriente alterna. Al pulsar el botón, la bobina genera un campo magnético que cambia de sentido cincuenta o sesenta veces por segundo. Los dominios magnéticos del acero de la espiral, que el imán había alineado en una dirección, empiezan a girar con el campo, de un lado a otro, y al alejar el reloj poco a poco el campo que lo alcanza es cada vez más débil: las últimas vueltas dejan los dominios revueltos, apuntando a todas partes, que es exactamente lo que significa «no imantado». Por eso la técnica tiene un solo secreto: la distancia creciente. El campo no borra el magnetismo; lo deshace sacudiéndolo cada vez más suave.

La técnica

Pon el desmagnetizador en una mesa, lejos de otros relojes, de tarjetas con banda magnética y de cualquier cosa que no quieras alterar. Pulsa el botón y mantenlo pulsado. Pasa el reloj por encima de la superficie, a uno o dos centímetros, despacio, en círculos o en zigzag, durante tres o cuatro segundos. Después, sin soltar el botón, aléjalo en línea recta hasta unos treinta centímetros, y solo entonces suelta. Dale la vuelta al reloj y repítelo con la tapa hacia la bobina; si puedes, también de canto. Esto es todo. Un reloj en su caja, con el calibre dentro, se desmagnetiza igual de bien que un movimiento suelto, y no hace falta abrirlo. Las bobinas de aficionado se calientan: pulsaciones de pocos segundos, con pausa entre una y otra.

Comprueba con la brújula y, sobre todo, con la marcha. Si el reloj vuelve a su ritmo de siempre, has hecho una reparación de relojería por centavos. Si sigue disparado, el problema es otro (aceite seco, una espiral tocada, un golpe) y toca el resto del banco o un relojero.

Los errores

Soltar el botón con el reloj encima. Es el error número uno y el único que empeora las cosas: el campo se apaga de golpe en una posición cualquiera y deja la espiral imantada en una dirección nueva. Si te pasa, no hay drama: repite la operación bien hecha. Acercar la pinza. Las pinzas de acero se imantan en la bobina y después contagian cada tornillo que tocan; o son antimagnéticas, o pasan también por el desmagnetizador (sirve para ellas, para los destornilladores y para cualquier herramienta de acero). Insistir. Dos pasadas bien hechas bastan; diez no mejoran nada y calientan la bobina. Desmagnetizar un cuarzo «por si acaso». Un reloj de cuarzo no tiene espiral: el magnetismo lo afecta mientras el imán está cerca (el motor paso a paso se frena) y deja de afectarlo cuando se aleja. No hay nada que desmagnetizar, y la bobina no le hará daño, pero tampoco le hará nada.

Cuál comprar

La herramienta de aficionado es la caja azul: un desmagnetizador de red, de fabricación china, con un botón rojo y un pie de apoyo, que cuesta 10-25 €/11-28 $* y hace exactamente lo mismo que los profesionales. Es la primera compra que recomendamos a quien tiene un reloj mecánico, antes que cualquier destornillador. Los de taller son los de siempre: los de Bergeon y Elma, de bobina mayor y uso continuo, por cien o varios cientos de euros, y los Elma Antimag de ciclo automático, que hacen la secuencia de alejamiento por ti. Para una caja de cinco relojes, la caja azul. En el banco, lo que tengas: lo importante es tenerlo a mano, porque la mitad de las veces que un reloj «se vuelve loco» la respuesta está aquí y no en una revisión general.

Un poco de historia

El magnetismo es un problema desde que los relojes de bolsillo llegaron a los laboratorios y a las centrales eléctricas. A finales del siglo XIX y principios del XX, casas como Vacheron Constantin experimentaban con espirales de paladio y volantes de aleaciones no magnéticas, y en 1896 Charles Édouard Guillaume dio con el invar, la aleación de níquel y acero que le valdría el Nobel y que, con su descendiente el elinvar, hizo las primeras espirales menos sensibles. La respuesta de mediados del siglo XX fue el escudo: una jaula interior de hierro dulce que desvía el campo alrededor del calibre, como en el IWC Ingenieur de 1955 y el Rolex Milgauss de 1956, hecho para los físicos del CERN. La de nuestro siglo es el material: espirales de silicio y aleaciones amagnéticas que simplemente no se imantan, hasta los 15,000 gauss que Omega certifica en sus Master Chronometer; lo contamos entero en el silicio contra el imán. Pero la mayoría de los relojes que hay en el mundo, y casi todos los de antes de 2010, llevan una espiral de acero. Para ellos sigue existiendo la caja azul.

El banco, ahora con quince

Con esta entrega la serie de El Taller tiene quince herramientas, resumidas todas en la Guía de Herramientas del Relojero y, para lo que no es herramienta sino hábito, en el Manual de Mantenimiento. Y si tu reloj acaba de pasar por la caja azul y vuelve a estar en hora, apunta la fecha y mídelo dentro de una semana: no hay mejor momento para empezar su historial que el día en que lo curaste.

*Costo aproximado basado en datos históricos (Fecha: 22 de octubre de 2026)

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