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Esta es la noche en que Europa devuelve la hora que pidió prestada en marzo. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026, a las tres serán las dos (en Canarias, a las dos será la una) y el domingo tendrá veinticinco horas. Estados Unidos y Canadá esperan una semana más, hasta el 1 de noviembre, y ese mismo día cambian los 33 municipios de la frontera norte de México que siguen el horario de verano para no desincronizarse de sus vecinos; el resto del país, desde 2022, no mueve nada. Chile ya hizo lo suyo en septiembre, y al revés: entró en el horario de verano, del que saldrá el 3 de abril de 2027. Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay, Paraguay, Venezuela y Japón no tocan las manecillas. Para un teléfono todo esto es un segundo de red. Para quien tiene una caja de relojes es una pequeña ceremonia, y como toda ceremonia tiene reglas. Vamos reloj por reloj.
La regla de oro: la zona muerta de la fecha
Casi todo lo que puede romperse en un cambio de hora se rompe por lo mismo: tocar la fecha cuando el mecanismo que la cambia ya está engranado. En la mayoría de los calibres, el disco de la fecha empieza a cargarse hacia las nueve de la noche y salta alrededor de la medianoche; hasta las tres de la madrugada, más o menos, los dientes siguen en contacto. Si en esa franja usas el ajuste rápido de la fecha (la posición intermedia de la corona), puedes doblar o partir un diente, y la avería no se nota hasta semanas después, cuando el calendario empieza a saltar dos días o ninguno. De ahí la primera regla, que vale para mecánicos y para cuarzos con calendario: no cambies la fecha, ni cruces la medianoche con las manecillas, entre las 21 h y las 3 h del reloj. Cuando dudes, saca las manecillas de la zona: adelanta hasta las seis y trabaja desde ahí.
Y la segunda regla, que es consecuencia de la primera: no hace falta levantarse a las tres de la madrugada. El cambio de hora se hace el domingo por la mañana, con café, con las manecillas en pleno día y lejos de la medianoche. Ahí, retroceder una hora es un gesto inofensivo en casi cualquier reloj moderno.
Reloj a reloj
El de cuarzo de tres manecillas. El más fácil. Corona fuera, una hora atrás, corona dentro. Si tiene fecha, respeta la zona muerta y nada más. Si quieres aprovechar para clavarlo al segundo, sigue leyendo: el truco del final vale para todos.
El mecánico con fecha. Un automático o un reloj de cuerda con calendario (un ETA 2824, un Sellita SW200, un Seiko NH35, un Miyota 9015) admite que las manecillas retrocedan una hora sin problema, siempre que no sea de noche en el reloj. Hazlo por la mañana, hacia las nueve o las diez, y listo. Con un reloj antiguo, o con uno cuyo manual no conozcas, la norma conservadora de los relojeros es mover las manecillas siempre hacia delante: en ese caso, en vez de retroceder una hora, avanza veintitrés y deja que la fecha salte una vez más; luego corrígela con el ajuste rápido, fuera de la zona muerta.
El cronógrafo. Es un mecánico con fecha al que se le añaden dos manías. No pulses los pulsadores con la corona fuera, y si los pulsadores son roscados, no los fuerces: se desenroscan antes de usarlos y se vuelven a enroscar después. Las manecillas del cronógrafo no se tocan: ya están a cero, y si no lo están, ese es otro problema, no el del cambio de hora (para practicar con los pulsadores está la Escuela de Cronógrafos).
El GMT. Aquí está el único matiz que vale la pena entender, y es bonito: la hora UTC no cambia nunca. Lo que cambia es tu diferencia con ella: Madrid pasa de UTC+2 a UTC+1, Nueva York de UTC−4 a UTC−5. Si tu reloj lleva la manecilla de 24 horas sobre UTC o sobre una ciudad que no cambie, esa manecilla se queda quieta; la que retrocede es la hora local. En un GMT «de viajero» (los de manecilla de horas independiente que salta de una en una: los Rolex, Tudor y Grand Seiko de esa escuela, o el reciente Miyota 9075), retrocedes la manecilla de horas un salto y no tocas nada más. En un GMT «de oficina» (los ETA 2893, Sellita SW330 y Seiko NH34, en los que es la manecilla de 24 horas la que se ajusta por separado), mueves la hora principal una hora atrás y, si la segunda zona también cambia ese día, retocas la de 24 horas; si no, la dejas. Lo contamos entero en la complicación GMT y, con historia, en el GMT y la Pan Am. Si tu GMT usa el bisel como segunda zona, en la Escuela de Biseles puedes practicar el giro.
El worldtimer. Mismo principio: la ciudad de referencia se queda, el disco de 24 horas gira con tu hora. Muchos worldtimers marcan las ciudades con horario de verano con un símbolo o un color; esta es la fecha en la que ese símbolo cambia de significado, y en la que conviene volver a leer el manual.
El calendario perpetuo, el anual y la fase lunar. Estos relojes no quieren que las manecillas vayan hacia atrás, y algunos lo prohíben en el manual con letra grande. La solución es la más elegante de todas: no muevas nada, para el reloj. Tira de la corona para detener el segundero, espera sesenta minutos (un café, un paseo) y empújala. El reloj ha perdido exactamente una hora sin que ningún mecanismo haya trabajado. Es el único día del año en que parar un calendario perpetuo es lo correcto.
El radiocontrolado. Un Junghans, un Casio Wave Ceptor o un Citizen con recepción de señal horaria se corrigen solos de madrugada, cuando captan la emisora (DCF77 en Europa, WWVB en Norteamérica, JJY en Japón). Dos condiciones: que la zona horaria configurada sea la tuya y que el ajuste de horario de verano esté en «automático», no fijado a mano. Si el lunes sigue con la hora vieja, no ha recibido la señal: déjalo esa noche junto a una ventana, con la carátula hacia el cielo y lejos de pantallas y cargadores, o fuerza la recepción manual como indique el manual.
El reloj con Bluetooth o GPS, y el inteligente. Los G-Shock conectados, los Astron GPS y cualquier reloj inteligente toman la hora del teléfono o del satélite. No hay nada que hacer, salvo comprobar el lunes que lo hayan hecho.
Kinetic, Eco-Drive y Spring Drive. Por dentro son cuarzos o, en el caso del Spring Drive, un mecánico regulado electrónicamente: se ajustan como el cuarzo y como el mecánico, respectivamente. Las mismas reglas de la fecha, los mismos gestos.
Y los que duermen en la caja. Si tienes relojes parados, este es el momento de decidir cuáles despiertan. Un automático que lleve el fin de semana en la mesita ya se ha parado; nuestra calculadora te dice cuánto aguanta cada calibre antes de rendirse. Los que no vayas a usar, mejor parados a la hora vieja que en marcha a la hora equivocada.
El truco del segundo exacto
Ya que vas a sacar la corona, hazlo bien. Abre el reloj atómico del sitio, que se sincroniza con la hora oficial por el mismo principio que los servidores de internet. Si tu reloj tiene parada de segundero, tira de la corona justo cuando el segundero pase por las doce, pon la hora un minuto por delante de la real y espera a que el reloj atómico marque los :00 de ese minuto para empujar la corona. Si no tiene parada (un Seiko 7S26, muchos automáticos antiguos), ajusta la hora al minuto y acepta el segundero donde caiga. Apunta la fecha y la hora de la sincronización: dentro de una semana, el medidor de precisión te dirá exactamente cuántos segundos al día adelanta o atrasa cada uno. No hay mejor excusa que el cambio de hora para empezar un historial de marcha de toda la caja.
Por qué movemos las manecillas: una historia corta
La idea tiene una genealogía confusa. Se atribuye a Benjamin Franklin, que en 1784 publicó en un diario de París una carta satírica proponiendo que los parisinos madrugaran para ahorrar velas; era una broma, y no hablaba de mover ningún reloj. La propuesta seria la hizo un constructor inglés, William Willett, en un folleto de 1907 titulado The Waste of Daylight, y murió en 1915 sin verla aprobada. La aprobó la guerra: el 30 de abril de 1916, Alemania y Austria-Hungría adelantaron sus relojes una hora para ahorrar carbón, y Gran Bretaña, Francia y buena parte de Europa los siguieron en cuestión de semanas. España lo probó en 1918, lo abandonó y lo recuperó varias veces, y en 1940 dio el paso que todavía se nota: adoptó la hora de Berlín, un huso por delante del que le corresponde por geografía, y nunca lo deshizo. Por eso en España anochece tan tarde y el debate sobre la hora es también un debate sobre la historia.
La crisis del petróleo de 1973 lo convirtió en costumbre: España cambia la hora cada año desde 1974, y la Unión Europea lo armonizó por directiva hasta la vigente, del año 2000, que fija el último domingo de marzo y el último de octubre. Estados Unidos lo regula desde 1966 y lo alargó en 2007 (segundo domingo de marzo, primer domingo de noviembre); Arizona y Hawái no participan.
Y lleva años intentando terminarse. En 2018 la Comisión Europea abrió una consulta pública que recibió 4.6 millones de respuestas, el 84 % a favor de dejar de cambiar la hora; el Parlamento Europeo votó la supresión en marzo de 2019 y desde entonces el Consejo no ha logrado ponerse de acuerdo en qué hora, la de verano o la de invierno, se queda cada país. España propuso en octubre de 2025 que 2026 fuera el último año; en marzo de 2026 la Comisión publicó el calendario de cambios hasta 2031. En Estados Unidos, la ley para hacer permanente el horario de verano lleva años yendo y viniendo por el Congreso sin llegar a firmarse. Mientras tanto, otros se han bajado: México abolió el horario de verano en 2022 (salvo la franja fronteriza), Brasil en 2019, Uruguay en 2015, Argentina no lo usa desde 2009 y Paraguay se quedó para siempre en UTC−3 en octubre de 2024. Japón lo tuvo cuatro años tras la guerra y lo abolió en 1952; China lo probó entre 1986 y 1991. Chile lo mantiene al revés, de septiembre a abril, con Magallanes y Aysén fuera.
Si en tu país la hora no se mueve
Disfrútalo: tu reloj seguirá marcando la hora de tu vida sin que nadie le diga nada. Lo único que cambia para ti es el resto del mundo. Si llevas un GMT con la segunda zona en Madrid, París o Berlín, esa manecilla retrocede una hora el domingo; si la llevas en Nueva York, el 1 de noviembre. El conversor de zonas horarias del sitio ya lo sabe y te dirá, ciudad por ciudad, a qué hora están los demás. Hasta marzo.
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