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Casi todo el mundo tiene uno. El reloj del abuelo en un cajón, el que compraste de segunda mano porque te gustó la carátula, el que te regalaron sin caja ni papeles. Funciona, o funcionó, y no sabes qué es. La tentación es llevarlo a una relojería y preguntar; la alternativa es pasar veinte minutos con él y averiguarlo tú. Este artículo es esa alternativa. Va de menos a más: primero lo que se sabe sin abrir nada, luego lo que dice la tapa, y al final lo que hay debajo. Puedes quedarte en el escalón que quieras.
Primero, escucha
Acércate el reloj al oído en una habitación silenciosa. Lo que oigas ya descarta la mitad de las opciones.
Un tic seco cada segundo. Es un reloj de cuarzo: el motor paso a paso mueve el segundero una vez por segundo y se oye el golpe. Mira el segundero para confirmarlo: salta de marca en marca, sin nada entre medias.
Un tic-tac rápido y continuo, como un insecto. Es un reloj mecánico, de cuerda manual o automático. Lo que oyes es el escape: el volante va y viene y en cada vaivén libera un diente de la rueda. La velocidad importa: la mayoría de los calibres modernos hacen 28.800 alternancias por hora, ocho pasos por segundo, y el segundero se desliza casi sin saltos. Los antiguos, y bastantes japoneses actuales, van a 21.600: seis pasos por segundo, algo más «rugoso». Los de alta frecuencia (Zenith El Primero, Grand Seiko Hi-Beat) van a 36.000, diez por segundo, y el segundero parece flotar. Si no llegas a contarlo de oído, el medidor de precisión del sitio lo hace por ti con el micrófono del teléfono.
Nada. Silencio total y un segundero que se desliza sin ningún salto, como una aguja de brújula. Solo hay dos cosas que hacen eso: un Spring Drive de Seiko o Grand Seiko, o un cuarzo de alta gama con motor de barrido continuo (los Bulova Precisionist, algunos Seiko). Si el reloj es japonés y caro, casi seguro que es lo primero.
Un tic cada segundo pero el reloj es grande y pesado, y a veces lo oyes «zumbar» al moverlo. Puede ser un Kinetic: cuarzo alimentado por un rotor. Lo delata que en muchos modelos, al pulsar la corona, el segundero da un salto de varios segundos para indicar la reserva de carga.
Luego, dale la vuelta
La tapa trasera es la ficha técnica que el fabricante dejó grabada, aunque no siempre esté en un idioma claro. Lo que hay que buscar:
Un número de calibre. Es el nombre del movimiento. Muchos Seiko lo llevan a la vista: «7S26», «NH35», «4R36», «6R15». Si lo ves, ya tienes la respuesta y puedes saltar al final del artículo. Los suizos rara vez lo graban en la tapa; lo llevan en el propio movimiento.
«17 jewels», «21 jewels», «23 jewels». Es el número de rubíes: piedras sintéticas que hacen de cojinetes donde hay más rozamiento. Un reloj de cuarzo suele tener entre 0 y 7; un mecánico, entre 17 y 25. Más rubíes no significa mejor reloj (a partir de 21 son casi decorativos), pero 17 o más confirma que es mecánico.
«Incabloc», «Kif», «Diashock», «Etachoc», «Novodiac». Son sistemas antichoque, el muelle que protege el eje del volante de los golpes. Cada marca de sistema delata la familia: Diashock es Seiko; Incabloc, Kif y Etachoc son suizos; Novodiac lo montan los ETA y Sellita de gama de entrada. Un reloj de bolsillo o de pulsera muy antiguo sin ninguno de estos grabados es de antes de los años cuarenta.
«Unadjusted» o «Adjusted to 5 positions». Si el reloj es americano o de importación a Estados Unidos, esta palabra hablaba de aranceles: «unadjusted» pagaba menos aduana. No dice casi nada de la calidad. «Adjusted» a varias posiciones sí: el relojero lo reguló para que marche igual boca arriba, de canto y colgando.
«Swiss made» frente a «Swiss movt» o «Swiss parts». No es lo mismo. «Swiss made» exige, por ley, que al menos el 60 % del valor y el movimiento sean suizos y que el reloj se haya montado y controlado en Suiza. «Swiss movement» o «Swiss movt» solo garantiza el movimiento; la caja y el montaje pueden ser de cualquier sitio. «Swiss parts» quiere decir que algunas piezas lo son. Y «Japan movt» en un reloj de marca occidental casi siempre es un Miyota o un Seiko de los que verás más abajo.
«Water resistant», «5 ATM», «10 bar», «200 m». No dice nada del movimiento, pero sí de la caja. Un reloj de 200 metros lleva una tapa roscada, y eso importa para el escalón siguiente.
Lo que no dice nada. «Stainless steel back» (solo la tapa es de acero; la caja puede ser chapada), «Base metal», «Antimagnetic» (todos lo son en cierto grado; si te interesa cómo funciona, aquí lo contamos) y «Shock resistant».
Dos pistas más antes de abrir
El peso. Un calibre automático pesa: el rotor es una media luna de metal denso. Un cuarzo del mismo tamaño se nota hueco. No es una ciencia, pero si un reloj de acero de 40 mm te parece sospechosamente ligero, casi seguro que es cuarzo.
La corona. Saca la corona y gírala. Si el segundero se para en seco, el reloj tiene parada de segundero («hacking»): lo tienen casi todos los cuarzos y los mecánicos modernos, pero no los Seiko 7S26 ni muchos automáticos antiguos. Si al girar la corona en su posición de reposo notas resistencia y un rrr suave, es de cuerda manual o un automático con cuerda manual (los 7S26 tampoco la tienen). Si gira en vacío, es un cuarzo o un automático puro.
Y si hace falta, ábrelo
Todo lo anterior te dice qué tipo de reloj tienes. Para saber exactamente qué calibre lleva, y con él lo que vale y lo que cuesta mantenerlo, hay que ver el movimiento. Mira la tapa y decide:
Tapa con muescas en el borde, o con seis u ocho hendiduras. Es roscada. Se abre con un abrecajas Jaxa o una llave de bola (una pelota de goma que se pega a la tapa y la gira; para relojes poco apretados funciona sorprendentemente bien). Nunca con unas pinzas de punta ni con un destornillador: dejarás marcas para siempre.
Tapa lisa, con una pequeña ranura o rebaje en el borde. Es a presión. Se abre con la navaja de relojero metida en la ranura y un pequeño giro. Para cerrarla hace falta apretar bien, a mano o con una prensa.
Tapa con cuatro tornillos pequeños. La más fácil: un destornillador del tamaño justo, y a guardar los tornillos en un sitio donde no rueden.
Tapa de cristal. No hace falta abrir nada: es un fondo visto, y el fabricante quería que mirases.
Antes de abrir, tres cosas. Trabaja sobre un paño limpio. Lávate las manos: la grasa de un dedo sobre el volante es la avería más tonta que existe. Y si el reloj es de buceo o tiene valor, piensa que al cerrarlo la junta puede no volver a sellar igual; si lo vas a mojar, que lo abra un relojero y lo pruebe con la máquina de hermeticidad.
Los calibres que verás una y otra vez
Con la tapa quitada, la mayoría de los relojes de pulsera de los últimos cuarenta años llevan uno de estos diez movimientos o un pariente cercano. Cómo reconocerlos y qué implica cada uno.
ETA 2824-2 (Suiza, automático, 28.800 alt/h, 25 rubíes, 38-42 h de reserva). El calibre suizo por antonomasia: lo han llevado Tissot, Hamilton, Tudor, Breitling, Oris y cientos de marcas. Rotor amplio con «ETA» y «2824-2» grabados en el puente, acabado industrial pero limpio. Es fiable, lo repara cualquier relojero y las piezas son baratas. Su hermano 2836-2 añade el día de la semana; el 2892-A2 es la versión fina y de más categoría (la llevan Omega antiguos, IWC, Breitling de gama alta).
Sellita SW200-1 (Suiza, automático). El clon del 2824 fabricado bajo licencia cuando ETA dejó de vender a terceros. Idéntico a simple vista salvo por el grabado «SW200» y por tener 26 rubíes en vez de 25. Todo lo dicho del ETA vale para él. Lo llevan Oris, Christopher Ward, Baume & Mercier, TAG Heuer de entrada y casi todas las micromarcas suizas.
ETA C07 «Powermatic 80» (Suiza, automático, 21.600 alt/h, 80 h de reserva). Solo lo verás en relojes del grupo Swatch: Tissot, Certina, Mido, Hamilton. Se reconoce por la reserva de marcha larguísima y, si te fijas, por la frecuencia más baja. Lleva espiral de silicio en las versiones recientes.
Seiko 7S26 (Japón, automático, 21.600 alt/h, 23 rubíes, 41 h). El motor de los Seiko 5 y del SKX durante veinte años. Rotor pequeño con «7S26» y «Seiko» grabados, acabado tosco, sin cuerda manual ni parada de segundero. Es indestructible y barato de mantener, pero no es preciso ni bonito. Si tu reloj lo lleva, tienes un Seiko de entre 1996 y 2019, o un mod: es el calibre con el que se montan la mitad de los relojes modificados.
Seiko NH35 / 4R35 (Japón, automático, 21.600 alt/h, 24 rubíes, 41 h). El sucesor del 7S26, con cuerda manual y parada de segundero. «NH35A» es el nombre cuando Seiko lo vende a otras marcas; «4R35» es el mismo calibre dentro de un Seiko. Lo llevan la mayoría de las micromarcas asequibles del mundo y todos los mods actuales. Ficha en nuestro primer MOD, donde lo montamos pieza a pieza. Sus hermanos: NH36 / 4R36 (día y fecha), 6R15 / 6R35 (la versión de más calidad, 50 y 70 h de reserva, en los Seiko Presage y Prospex).
Miyota 8215 (Japón, automático, 21.600 alt/h, 21 rubíes). El calibre de Citizen para terceros, en los relojes de moda «japan movt» de 100 a 300 euros. Se reconoce porque el rotor solo carga en un sentido y hace un zumbido al girar en el otro, lo que llaman «rotor wobble». Sin parada de segundero. Funciona durante décadas y cuesta menos de 40 euros nuevo.
Miyota 9015 (Japón, automático, 28.800 alt/h, 24 rubíes). El Miyota de gama alta: fino, a 28.800, con parada de segundero. Es el que llevan las micromarcas que quieren un movimiento japonés con prestaciones suizas. Si tu reloj es de una marca nueva y se anuncia «japonés automático de 28.800», es este.
Seiko 6R / 8L y Grand Seiko 9S. Si el grabado dice «6R», «8L» o «9S» y el acabado es visiblemente mejor, con puentes decorados, tienes un Seiko de gama alta o un Grand Seiko. El 9S es un calibre de manufactura de verdad, regulado a un estándar más estricto que el COSC.
Cuarzos: Ronda, Miyota, Seiko, ETA. Un movimiento de cuarzo es una placa con una pila redonda, una bobina de cobre y, a veces, un chip a la vista. Casi siempre lleva el nombre grabado en la placa: «Ronda 715», «Miyota 2035», «Seiko VJ22», «ETA 955.412». Los Ronda y ETA son suizos; los Miyota y Seiko, japoneses. Todos son fiables y, salvo los de alta gama, se sustituyen enteros cuando fallan porque cuesta menos que repararlos. Un Seiko VH31 es la excepción curiosa: un cuarzo que late a cuatro pasos por segundo para imitar el barrido de un mecánico.
Nada de esto, y tiene volante y muelle. Entonces tienes un calibre antiguo, de manufactura o de un fabricante desaparecido (AS, FHF, Unitas, Peseux, Landeron, Valjoux, Venus…). Busca el grabado bajo el volante o en el puente del barrilete y escríbelo en un buscador seguido de «caliber»: hay bases de datos con miles de ellos. Y ahí sí conviene un relojero: las piezas ya no se fabrican y cada avería es una búsqueda.
Lo que el calibre te dice del reloj
Reconocer el movimiento responde tres preguntas prácticas.
Cuánto vale. Un calibre no hace un reloj, pero pone un suelo y un techo. Un reloj de marca desconocida con un ETA 2824 o un Miyota 9015 es, como mínimo, un reloj decente; uno con un 7S26 o un Miyota 8215 es un reloj de batalla. Y al revés: si un reloj «suizo de lujo» de segunda mano lleva un Miyota, hay algo raro.
Cuánto cuesta mantenerlo. Para un ETA, Sellita o Seiko común, un servicio completo son 150-350 euros y cualquier taller lo hace. Para un Miyota o un Seiko de gama de entrada, muchas veces sale más barato sustituir el movimiento entero (30-80 euros) que abrirlo. Para un calibre de manufactura, pregunta antes: el servicio puede pasar de 500. Nuestra calculadora de servicio da una idea por tipo de reloj.
Cuánto de preciso debería ser. Un cuarzo, ± 15 segundos al mes. Un ETA o Sellita bien regulado, entre −5 y +15 segundos al día; un Seiko 7S26 o Miyota 8215, de −20 a +40 y nadie se sorprende; un Spring Drive o un Grand Seiko, uno o dos segundos al día. Si el tuyo se sale mucho de su rango, no es que sea malo: es que pide servicio o un imán le ha desregulado el espiral. Mídelo en casa con el medidor de precisión antes de decidir nada.
Lo que no hay que hacer
No abras un reloj que sigue en garantía. No abras un reloj de buceo si lo vas a seguir mojando, salvo que puedas comprobar la hermeticidad después. No toques el volante ni el espiral con nada: ni con el dedo, ni con la pinza, ni «para ver si se mueve». No soples dentro: la saliva y la humedad oxidan; para el polvo está la pera de aire. Y no fuerces una tapa que no cede: una tapa roscada pasada de rosca o una tapa a presión con la junta pegada se llevan a un relojero, no se ganan a la fuerza.
Con esto sabrás, en la mayoría de los casos, qué reloj tienes en la mano y qué esperar de él. Y si con la tapa abierta ves un calibre que no está en esta lista, haznos una foto y cuéntanoslo: los movimientos raros son nuestros favoritos.
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