Ilustración vectorial dorada de un abrecajas Jaxa de tres puntos sobre fondo carbón oscuro
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El abrecajas Jaxa: la llave de las tapas roscadas

El Taller, herramienta 6 de 14

Las tapas roscadas sellan los relojes más herméticos — y castigan sin piedad a quien intenta abrirlas con lo que no debe. Cómo funciona la llave de tres puntos, la técnica para que no resbale y cuándo es mejor no abrir.

Momento Relojero
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19 de julio de 20255 min de lectura
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Sexta entrega de la serie de El Taller. Dale la vuelta a un diver: esas seis muescas talladas en el borde de la tapa no son decoración — son el bocado de una llave. Las tapas roscadas son el sistema de cierre más hermético que existe (herencia directa de la Oyster de Rolex), y precisamente por eso son las que más castigan los intentos de apertura con herramientas improvisadas. El arañazo circular alrededor de una tapa roscada es la cicatriz más triste de la relojería.

Un poco de historia

La tapa roscada se hizo famosa en 1926 con la caja Oyster de Rolex — la misma que Mercedes Gleitze paseó por el Canal de la Mancha — y a partir de ahí conquistó todo el reloj deportivo. Pero cada tapa roscada nueva era también un problema nuevo: ¿cómo abrirla sin destrozarla? Las primeras llaves de dos puntos resbalaban con facilidad, y el arañazo circular se convirtió en la firma de la época. La solución definitiva fue la llave ajustable de tres puntos, popularizada a mediados del siglo XX por la casa suiza Jaxa — otro nombre comercial que el oficio convirtió en palabra común, como el Rodico o el Presto. Hoy «un jaxa» es cualquier llave de tres puntas, de la original a sus infinitas copias, y su geometría autocentrante sigue sin ser superada para el trabajo manual.

Qué es la llave de tres puntos

El abrecajas tipo Jaxa (por la marca que lo popularizó) es una llave ajustable con tres brazos simétricos, cada uno rematado por una punta intercambiable. Un mando central aproxima o separa los brazos para adaptarse al diámetro de la tapa, y las tres puntas encajan a la vez en tres muescas opuestas. La geometría es la clave: con tres apoyos repartidos a 120°, el par de giro se distribuye y la llave se autocentra — donde una herramienta de dos puntos patina, la de tres muerde.

Las puntas importan

Las muescas de las tapas no son todas iguales: las hay rectangulares, redondas y en cuña. Por eso las llaves traen juegos de puntas intercambiables. La regla: la punta debe llenar la muesca con el mínimo juego posible. Una punta pequeña bailando en una muesca grande es un resbalón anunciado.

La técnica

Sujeta el reloj firme — idealmente en un soporte de caja acolchado, o envuelto en un paño sobre el banco, nunca en la mano. Ajusta la llave hasta que las tres puntas asienten a fondo en sus muescas, aplica presión vertical y gira antihorario con un impulso corto y seco: las tapas se abren con un «crack» inicial y después giran solas. Si la llave salta, no insistas con más fuerza: reajusta las puntas, revisa el perfil y vuelve a empezar. La fuerza bruta nunca es la respuesta con una rosca.

Para tapas poco apretadas existe una alternativa encantadoramente simple: la bola de fricción, una esfera de goma que se presiona contra la tapa y se gira. No raya, no resbala con violencia y muchas veces basta. Es el primer intento recomendable antes de sacar la llave.

Antes de abrir: piensa en la junta

Aquí va la advertencia que muchos aprenden tarde: la hermeticidad de un reloj no vive en la rosca, sino en la junta tórica que la tapa comprime. Cada apertura la estresa, y una junta vieja o mal asentada convierte un «200 m» del papel en un colador. Si abres un reloj que va a mojarse, cambia la junta (o al menos revísala y engrásala con silicona) y, para trabajo serio, deja la prueba de presión a un profesional — nuestra Calculadora de Servicio te dice cuándo toca, y el Conversor de Resistencia al Agua qué aguanta realmente cada clasificación.

En el taller

El equipo completo, en la Guía de Herramientas del Relojero. Anterior entrega: la herramienta de pasadores. Siguiente: la navaja de relojero, para las tapas que no se enroscan sino que encajan.

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