¿Con prisa? Genera un resumen rápido de este artículo.
Duodécima entrega de la serie de El Taller. En un banco lleno de acero templado y precisión suiza, la herramienta más entrañable es… una bola de masilla verde. El Rodico parece plastilina de escuela y resuelve uno de los problemas más difíciles de la relojería fina: cómo limpiar y manipular lo que no admite ni dedos, ni líquidos, ni presión.
Un poco de historia
El nombre es un caso clásico de marca convertida en palabra común, como el celo o la aspirina. Rodico es el nombre comercial de la masilla de limpieza de Bergeon, la histórica casa suiza de herramientas de relojería (fundada en Le Locle en 1791), que la popularizó a mediados del siglo XX como «pasta de limpieza» para los talleres. Antes de su llegada, los relojeros limpiaban huellas y polvo con médula de saúco, migas de pan especialmente amasadas y pinceles — métodos que funcionaban a medias y soltaban sus propias partículas. La masilla sintética lo cambió todo: pegajosa con lo microscópico, incapaz de dejar residuo propio. Hoy «un rodico» es cualquier masilla técnica de taller, la original o sus imitadoras, y sigue vendiéndose en la misma humilde barrita verde.
Qué hace exactamente
Su química es simple de entender: es más pegajosa que el polvo y menos pegajosa que las superficies. Al tocar una platina, una esfera o un puente, se lleva consigo huellas dactilares, films de grasa, pelusas y motas — sin arrastrar, sin rayar y sin dejar nada a cambio. Es la segunda mitad del equipo de limpieza del taller: la pera de aire expulsa lo que está suelto; el Rodico captura lo que está adherido.
Pero su fama viene de sus usos secundarios, que cualquier relojero recita con cariño: pescar un tornillo caído en el hueco más profundo de la caja (se moldea una punta fina, se toca y sale pegado); sujetar piezas diminutas para presentarlas en su sitio — el truco del tornillo pegado por la cabeza al Rodico mientras se le acerca la rosca es patrimonio del oficio —; retirar el exceso de aceite de una lubricación generosa, tocando el borde del rubí; y hasta sostener un movimiento en ángulos imposibles durante una foto. Es la navaja suiza blanda del banco.
La técnica: tocar, no frotar
El gesto correcto es un toque seco y perpendicular: presionar levemente y retirar. Nunca se arrastra como una goma de borrar — arrastrar deja película y puede mover lo que no debía moverse. Antes de cada uso se amasa una punta fresca: el material limpio queda siempre en la superficie de trabajo y la suciedad, enterrada dentro. Para rincones, se moldea en punta de lápiz; para superficies, en almohadilla.
La regla de higiene es inflexible: el Rodico se renueva en cuanto se ve sucio. Una masilla saturada de grasa y polvo hace exactamente lo contrario de su trabajo: reparte contaminación con cada toque. Se corta la zona sucia, se desecha y se sigue con material limpio. Una barrita dura meses; no es ahí donde se ahorra.
Dónde NO usarlo
Tiene tres líneas rojas. El [lume](/datos-de-relojes#lume) vintage: la pasta luminosa envejecida es quebradiza y porosa, y el Rodico puede arrancarla de agujas e índices — en relojes con radio, además, ese material no debe tocarse en absoluto. Las esferas delicadas: pinturas mates antiguas, esferas lacadas con grietas o impresiones desgastadas pueden desprenderse; en una esfera valiosa, mejor solo aire. Y la espiral del volante: tocarla con masilla es la manera perfecta de deformarla o de dejarle un residuo que altere su marcha. Ante la duda, la jerarquía es siempre: primero aire, después Rodico, y los líquidos solo en la máquina de limpieza.
Cómo comprarlo
Aquí no hay ciencia: la barrita clásica verde de Bergeon cuesta poco y es el estándar; las alternativas genéricas funcionan, aunque las más baratas se vuelven aceitosas con el calor y dejan justo el residuo que prometen evitar. Guárdalo en su blíster o en una cajita cerrada — un Rodico al aire libre es un imán de pelusa que se sabotea solo.
En el taller
El equipo completo, en la Guía de Herramientas del Relojero. Anterior entrega: los aceitadores. Siguiente: el cronocomparador, la máquina que escucha el corazón del reloj.
¿Hay algún tema del que te gustaría que habláramos?
Este blog crece con la comunidad. Si tienes una idea o un tema de relojería que te encantaría ver aquí, proponlo desde nuestra página de contacto y lo tendremos en cuenta para los próximos artículos.
En el formulario, dentro de «Selecciona un tema» elige la opción «Sugerencia de contenido».
Ir a la página de contacto


