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Leyendas y HazañasExploración Espacial

Gagarin y el Sturmanskie: el primer reloj en el espacio

108 minutos, una órbita y un reloj de piloto de 17 rubíes que nadie había diseñado para salir del planeta

El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin dio una vuelta a la Tierra en 108 minutos. En la muñeca, sobre el traje naranja, llevaba el reloj que la Fuerza Aérea soviética entregaba a sus pilotos: un Sturmanskie de cuerda manual, 17 rubíes y 33 milímetros. No fue elegido, ni probado, ni anunciado. Simplemente fue. La historia del reloj que llegó al espacio antes que ningún otro, y de los que vinieron detrás.

Momento Relojero22 de octubre de 20267 min de lectura
Recreación de la cabina de la Vostok: la manga de un traje naranja con un reloj de piloto de carátula clara y la curva azul de la Tierra en la ventanilla
Recreación de la cabina de la Vostok: la manga de un traje naranja con un reloj de piloto de carátula clara y la curva azul de la Tierra en la ventanilla
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A las 9:07 de la mañana, hora de Moscú, del 12 de abril de 1961, un cohete R-7 despegó de Baikonur con una esfera de poco más de dos metros en la punta. Dentro iba un hombre de 27 años, 1.57 metros de estatura y una sonrisa que dos horas más tarde sería la más famosa del mundo. Yuri Gagarin dijo «¡Poyejali!» («¡Vamos!»), dio una vuelta completa a la Tierra y aterrizó en paracaídas en un campo cerca de Sarátov, 108 minutos después, ante una campesina y su nieta que no sabían si aquel ser con casco era de este planeta. Era. Y llevaba reloj.

Un reloj de trabajo

No era un reloj especial. Era un Sturmanskie («de navegante»), el reloj que la Fuerza Aérea soviética entregaba a sus pilotos al graduarse y que no se vendía en ninguna tienda. Lo fabricaba la Primera Fábrica de Relojes de Moscú, la que después firmaría como Poljot, sobre la base de los calibres que la fábrica producía desde los años cuarenta con licencia de la francesa Lip. Cuerda manual, 17 rubíes, protección antichoque, parada de segundero para sincronizar en el briefing (la función que los pilotos necesitaban y que entonces distinguía a un reloj militar de uno civil), caja de 33 milímetros y carátula clara con números grandes, radio en las manecillas y una estrella roja. Gagarin lo tenía desde que se graduó como piloto, en 1957; lo llevaba en la cabina del MiG y lo llevó en la cabina de la Vostok como habría llevado los cordones de las botas.

En eso está la gracia de la historia. Cuatro años después, la NASA sometería a varios cronógrafos a una batería de pruebas de temperatura, vacío, humedad, choque y vibración antes de elegir el Omega Speedmaster para sus astronautas; lo contamos aquí. El programa soviético no eligió nada. El reloj del primer hombre en el espacio fue el que ya tenía puesto, y funcionó.

108 minutos

El vuelo fue casi todo automático: la cápsula Vostok 1 se gobernaba desde tierra y Gagarin llevaba un sobre con el código para tomar el control manual solo en caso de emergencia, porque los médicos no sabían si un hombre en ingravidez conservaría el juicio. Sabemos que comió, que bebió, que escribió, que miró por la ventanilla y dictó por radio lo que veía: «La Tierra es azul. Qué maravilla». Sabemos que el reloj siguió marchando durante el ascenso, con aceleraciones de varias veces la gravedad, durante la hora y media de órbita en ingravidez y durante la reentrada, en la que el módulo de servicio tardó más de lo previsto en separarse y la cápsula giró violentamente. A siete kilómetros de altura, Gagarin se eyectó, como estaba previsto, y descendió en paracaídas. Era la primera vez que un reloj de pulsera veía la Tierra entera, y la primera vez que un ser humano la veía así.

El cronógrafo del primer paseo

El Sturmanskie fue el primero, pero no el último reloj soviético en el espacio. El 18 de marzo de 1965, Alexéi Leónov salió de la Vosjod 2 y flotó doce minutos atado a un cable, el primer paseo espacial de la historia, con un Strela en la muñeca: un cronógrafo de cuerda manual con el calibre 3017, copia con licencia del suizo Venus 150, también de la Primera Fábrica de Moscú y también reservado a los pilotos. Los cosmonautas siguientes llevaron Poljot, y las estaciones Saliut y Mir vieron relojes de las dos escuelas, rusos y suizos. Las fábricas soviéticas de relojes, su historia y su carácter los contamos en el fenómeno Vostok.

Dónde está hoy

Del reloj original de Gagarin no hay rastro en el mercado: nunca ha salido a subasta y se da por conservado en Rusia. Los Sturmanskie de la misma época aparecen de vez en cuando en el coleccionismo, casi siempre con la carátula cambiada o muy gastada, porque eran relojes para usar. La marca Sturmanskie existe hoy como empresa independiente y vende reediciones «Gagarin» con calibres Poljot de cuerda manual, fieles en la carátula y más grandes en la caja. Y cada 12 de abril, Día de la Cosmonáutica en Rusia y «Noche de Yuri» en medio mundo, alguien se pone uno.

Lo que significa

Nos gusta esta historia por lo que no tiene. No tiene pruebas de vacío, ni laboratorio, ni campaña de publicidad; no tiene un ingeniero que diseñara nada para el espacio. Tiene un reloj corriente, bien hecho, que hizo lo que hacen los relojes bien hechos: seguir. Es el argumento más honesto a favor del reloj mecánico que conocemos, y lo dio sin querer un piloto de 27 años un miércoles por la mañana.

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