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Leyendas y HazañasHistorias Humanas

Charles Vermot: el relojero que escondió El Primero en un desván

Cuando Zenith ordenó desguazar su cronógrafo, un obrero tapió las prensas y los planos detrás de una pared. Diez años después salvaron la casa

En 1975, los dueños americanos de Zenith decidieron que el futuro era el cuarzo y mandaron vender como chatarra las herramientas del cronógrafo más avanzado del mundo. Charles Vermot desobedeció: subió al desván 150 prensas, los útiles y los planos de El Primero, los inventarió y tapió la puerta. En 1984, cuando el mundo volvió a querer cronógrafos mecánicos, Zenith era la única casa que podía fabricarlos. La historia de una desobediencia que salvó un calibre, una fábrica y, de paso, el Rolex Daytona.

Momento Relojero22 de octubre de 20268 min de lectura
Recreación del desván de la fábrica de Le Locle: cajas con prensas y útiles, planos enrollados y un movimiento de cronógrafo bajo un haz de luz
Recreación del desván de la fábrica de Le Locle: cajas con prensas y útiles, planos enrollados y un movimiento de cronógrafo bajo un haz de luz
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Hay héroes de la relojería que inventaron algo. Charles Vermot no inventó nada: desobedeció. Y su desobediencia es la razón de que hoy exista uno de los calibres más importantes del siglo XX, de que Zenith siga siendo una manufactura y de que el cronógrafo más deseado del mundo, el Rolex Daytona, pudiera ser automático cuando lo fue.

1969: la carrera del cronógrafo automático

A finales de los años sesenta, tres equipos corrían por el mismo trofeo: el primer cronógrafo de pulsera de cuerda automática. En Suiza, el consorcio de Heuer, Breitling, Büren y Dubois Dépraz preparaba el Calibre 11, con el módulo de cronógrafo acoplado sobre un movimiento automático. En Japón, Seiko afinaba el 6139. Y en Le Locle, Zenith y su hermana Movado llevaban desde 1962 desarrollando algo más ambicioso: un cronógrafo integrado, no modular, con rueda de pilares, y que además latía a 36,000 alternancias por hora, cinco hercios, para medir décimas de segundo. Lo presentaron el 10 de enero de 1969 y lo llamaron El Primero, en español, con la inmodestia de quien sabe que llega antes. El Calibre 11 se presentó en marzo; el Seiko, en mayo. Quién fue el primero de verdad sigue siendo tema de sobremesa; que El Primero era el más avanzado de los tres, no. Más de medio siglo después sigue siendo uno de los pocos cronógrafos de serie a 5 Hz, y en el visualizador de frecuencias se ve lo que eso significa en el segundero.

El momento no podía ser peor. Ese mismo diciembre, Seiko puso a la venta el Astron, el primer reloj de cuarzo, y empezó la década que la industria suiza llamó «la crisis»; la contamos aquí. En 1971, Zenith fue vendida a la estadounidense Zenith Radio Corporation, un fabricante de televisores y radios de Chicago que compartía el nombre por casualidad y que tenía muy claro hacia dónde iba el mundo.

1975: la orden

En 1975, la dirección americana decidió que Zenith dejaría de fabricar relojes mecánicos para dedicarse al cuarzo. Y no solo eso: ordenó deshacerse del utillaje. Las prensas, las levas, las fresas, los útiles de corte y los planos de El Primero, todo lo que hacía falta para fabricar un cronógrafo integrado, debía venderse al peso o tirarse. Para unos contables en Chicago era espacio que liberar; para quien había pasado años fabricando ese calibre, era un entierro.

Charles Vermot era relojero en el taller de cronógrafos de Le Locle, uno de los que conocía El Primero pieza a pieza. Escribió a la dirección pidiendo que se conservara el utillaje. No le hicieron caso. Y entonces hizo lo que hacen los hombres tranquilos cuando ya han decidido: empezó a subir cosas al desván. Durante meses, en horas muertas, trasladó al altillo de un edificio de la fábrica 150 prensas, que pesaban en conjunto más de una tonelada, las levas, los útiles de corte y los planos técnicos. Lo anotó todo en un archivador de anillas: cada herramienta, cada pieza, cada plano, con su sitio. Y cuando terminó, tapió la entrada. Nadie se lo pidió; casi nadie lo supo.

1984: el regreso

La historia tardó nueve años en darle la razón. En 1978, Zenith Radio vendió la casa, que volvió a manos suizas. A principios de los ochenta, contra todo pronóstico, el cronógrafo mecánico empezó a pedirse de nuevo: Ebel, la casa de La Chaux-de-Fonds, quería un buen calibre automático para sus cronógrafos y no lo encontraba, porque nadie lo fabricaba ya. Entonces Vermot subió al desván con la nueva dirección, abrió la pared y abrió el archivador. En 1984, El Primero volvió a producirse con las mismas prensas de 1969. Zenith era la única manufactura del mundo con un cronógrafo automático integrado listo para fabricar, en el momento exacto en que el mundo volvía a quererlo.

Y el mundo, en este caso, incluía a Rolex. La casa de Ginebra buscaba un calibre automático para su Daytona, que seguía siendo de cuerda manual, y en 1988 presentó la referencia 16520 con el calibre 4030: un El Primero modificado a fondo por Rolex, rebajado de 36,000 a 28,800 alternancias por hora, sin fecha y con buena parte de las piezas cambiadas, pero El Primero al fin y al cabo. Lo montó hasta el año 2000, cuando estrenó su propio 4130. Doce años de Daytona automático salieron de un desván tapiado de Le Locle.

El relojero

Zenith tardó en contarlo y hoy lo cuenta con orgullo: Vermot tiene su capítulo en la historia oficial de la casa y el desván es una parada de las visitas a la manufactura. Él siguió trabajando en Le Locle como lo que siempre fue, un relojero de taller. No se nos ocurriría llamarlo visionario: no apostó por el futuro, se negó a tirar el pasado, que es una virtud más rara. En una industria que ha hecho del patrimonio su principal argumento de venta, conviene recordar que ese patrimonio existe, en parte, porque un obrero desobedeció una orden razonable.

El Primero sigue en producción, en versiones que miden décimas y centésimas de segundo, y sigue latiendo a 5 Hz. Si quieres ver cómo se lee un cronógrafo y qué hacen sus contadores, en la Escuela de Cronógrafos puedes practicar con uno; la complicación, con su historia, está en nuestra ficha.

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